jueves, 2 de julio de 2009

Preguntas, Dudas y Negligencias.


Las horas pasaban y había olvidado que tenía que cenar, el estómago me rugía ferozmente, me eché fuera de la habitación imaginando cual había sido la cena que había preparado mamá, todas las luces de la casa estaban apagadas ¿Qué hora era que todos dormían?...sorprendido del tiempo que había perdido leyendo, lo que había sido un defraude total, llegué a la cocina, caminé directo al refrigerador, lo abrí y en el centro de la nevera estaba mi cena, la tomé y la metí en el microondas para calentarla, me apoyé del mesón con los brazos cruzados.

El grupo de vampiros había sobrepasado los límites, habían asesinado lo suficiente y nosotros se los habíamos permitido, a este tema había que ponerle un punto final, pero… ¿Dónde se había metido el mayor Alph? ¿Por qué no había hecho lo prometido? Se suponía que iríamos a enfrentar a los vampiros a la mañana siguiente, y nunca fuimos, pero ¿Qué estábamos esperando? ¿¡Otro asesinato!? -probablemente- ¿Pero, quien sería el siguiente? ¿A quién tenían que matar para poner por fin un ultimátum?...todo estaba fuera de control, lo que había averiguado sobre sanguinarios no servía de nada porque era algo realmente estúpido, simples leyendas que no valía la pena ponerlas en prácticas tratándose de algo serio… recordé de nuevo la historia de Damián. Era todo lo que tenía en mente, a las tres hermanas: Yónica, Casandra y Nettie, ya no lo soportaba mas, las veía quemándose en la hoguera riéndose de los pueblerinos.

Mi padre tenía que hacer algo de una vez para detener esto…el mayor Alph, el lobo marrón a quien imaginaba como un anciano de cabellos blancos, se había lavado las manos, o en este caso las patas. La noche de la reunión cuando hablaba sonada decidido y sabio, era reconfortante, un gran líder hasta que la reunión fue interrumpida por cazadores, desde esa noche no habíamos vuelto a saber de él ¿Los cazadores le habrían disparado? No, no creo, de todos los lobos él era el más rápido, a pesar de ser un anciano, pero entonces que estaría tramando, a que se debía su desaparición, los meses habían pasado y nada se sabía de él o de su petulante seguidor Jef, un lobo rojizo y con una enorme cicatriz, era extraño no saber de él tampoco, pero ¿Cuándo fue que se descontroló todo? Quise poner en orden mis pensamientos. Un agudo sonido que venía del microondas me sacó de mi meditación, a pesar de ser bajo hizo eco en toda la cocina, temí despertar a alguien. Mi cena estaba caliente, lista para digerir. Saqué el plato y me senté en la mesa para probar el primer bocado de lasaña.

>>Primero, asesinan a un chico en el bosque, y nos echaron la culpa de todo, principalmente a mí porque encontraron unos cuantos pelos de lobo gris. Y por esa negligencia no podemos transformarnos constantemente en lobos para salvarnos de los cazadores.
>>Segundo somos emboscados por los susodichos, una persecución penosa, esa noche temí que hirieran a uno de mis hermanos, todo se había convertido en un total desastre, lobos corriendo a todos lados ladrando y aullando temiendo por sus vidas, todo un matiz de colores, un retrato vivo de la desesperación.
>>Tercero, desaparece el lobo mayor, sinceramente algo desalentador.
>>Cuarto, mueren más de veintiocho chicos víctimas de hambrientos muertos vivientes. Pasan los meses y nosotros los licántropos no hacemos nada al respecto.

-¡Vaya cosa!- reproché.

Era desesperante todo este asunto, y eso poniendo a parte a mi visitante misteriosa, las dos noches que había tenido encuentro con ella no me había afectado su aroma en absoluto, no había podido entrar en su mente y no había podido ver su rostro, pensar que había desaparecido no me tranquilizaba, estaba cerca y eso lo presentía, solo podía relacionarla con un miembro Hawkind, pero había algo que no encajaba en el rompecabezas de mis dudas.
Me lo preguntaba una y otra vez, pero no encontraba una respuesta razonable: ¿Por qué estar cerca de una vampira desconocida no me quema la nariz y al acercarme a Hawkind siento repulsión y asco? ó ¿Por qué entro en la mente de todos los vampiros y al entrar a la mente de Alissa, me bloqueo completamente sintiéndome vulnerable por no poder escuchar sus pensamientos…llega mi visitante desconocida y tampoco puedo leer lo que piensa? y ¿Por qué no le soy repugnante a mi invasora pero al ver a los Hawkind, noto como ellos arrugan sus pálidas caras? ¿Estarán fingiendo que les repugnamos para despistarnos?...no encontraba sentido a mis preguntas mezcladas con una posible respuesta.

Levanté la vista hacia el ventanal de la cocina y me sumergí en el cielo, la luna cuarto menguante apenas iluminaba. Mis conclusiones seguían viajando de manera distraída.

-No deberías estar despierto a estas horas, Ethan- me envaré en la silla atragantándome del susto.
-Ni tú, que haces levantado, Andy?- le miré tratando de tragar.
-Tenía sed- se encogió de hombros.
-Y yo hambre- me reí después de poder engullir.
-Vale, pero si viene mamá te ganarás una riña, así que…- bebió jugo de naranja, lo saboreó y después trago con gusto haciendo ruido al tomarlo -…Es mejor que subas.
-En un rato- lo miré desaparecer de la cocina…me levanté y lavé el plato, el reloj del micro marcaba la una y diez de la madrugada, ver la hora me dió sueño de repente y subí a mi habitación.

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-¡Pero qué demonios pasa!- gritó John frente al volante.
-Quien sabe?- movió la cabeza Wendy.
-¡Háganse a un lado!- tocaba la bocina. Pero la gente hacía caso omiso a nuestro apuro.
-Presiento que esto no está nada bien- habló Andy mirando por la ventanilla.
-Sera mejor que nos bajemos aquí, John… ¿John?- lo movió Wendy –¿John que pasa?- lo siguió moviendo. John estaba petrificado con la mirada perdida.
-¿John, que estás viendo?- se acercó Andy al asiento del conductor.
No pasó mucho tiempo para que nuestro hermano reaccionara, nos miró a todos tratando de explicarnos con la mirada lo que había visto.
-Es…es uno de mis compañeros de clases- habló distraído tratando de recordar lo que había visto.
-¿Qué paso con él?- pregunté ceñudo tratando de descifrar su mirada.
-Está en el gimnasio- dijo al fin.
-Ves que tu compañero está en el gimnasio, que interesante- bufó sarcástico Andy acomodándose otra vez en el asiento trasero.
-No, no me han entendido…con el está el vampiro Hawkind.
-¡¿Qué?!- gruñó Wendy.
-Será mejor que vallamos a ver qué sucede- hablé quitándome el cinturón de seguridad. John encontró un espacio libre en el estacionamiento de la secundaria y los cuatro nos bajamos entre la multitud que caminaban de un lado a otro. Miré buscando alguna cara conocida pero no podía con tanta gente tropezándome, Wendy me tomó de la mano y me guió hasta un espacio vacío que logré ver, la gente más se aglomeraba en ese punto hasta que entendí el por qué…había una cinta amarilla que dividía un gran tramo del edificio al estacionamiento, habían unos cuantos guardias con sus rifles en la mano para hacerse más intimidantes y poder controlar a los curiosos sedientos de evidencia.
-¿Cómo iremos al gimnasio?- pregunto Andy mirándonos en busca de solución.
-Veamos por la parte de atrás- propuso Wendy.
-Todo está atestado de gente- contradije.
-Caminemos a ver por el lado de la cafetería- desapareció John, sin más remedio le seguimos haciendo espacio entre las personas que tratábamos de apartar, y en efecto la cafetería estaba sola, solo una cinta amarilla nos dividía de ella pero lo mejor era que guardias no habían. Entramos agachados cuidando que no nos descubrieran, de vez en cuando Wendy echaba una ojeada para ver si nos veían de algún lado pero no había peligro alguno. Atravesamos la cafetería y la siguiente puerta nos dejaba cerca de la pequeña plaza de la secundaria…como suponía habían algunos guardias caminando de un lado a otro.
-Genial, el edificio completo está custodiado- se quejó Andy.
-Vamos por acá- indicó Wendy. Alejándose entre un pequeño callejón que dividía el edificio cuatro del edificio tres, pasamos sigilosamente, ya nos acercábamos al gimnasio, otros dos edificios más y listo.
-Cuando aquel guardia se aleje nos…
-¡Shh!- le tapo la boca John a Wendy, nos pegamos todos a la pared deseando no ser descubiertos, el director estaba caminando de un lado a otro nervioso tratando de hablar con uno de los guardias.
-¿Cuanto tiempo tardarán en llegar los forenses?- preguntaba el director con una risita histérica…

Dejé al descubierto mi ojo izquierdo para verlos alejarse.
-Se han ido- avisé.
-¡Bien!- echó a correr Wendy desapareciendo de nuestra vista.
-¡¡Wen…Wen!!- llamó John enojado –¡Te descubrirán, vuelve aquí ahora mismo!- pero no obedeció, siguió su ruta, Andy no lo pensó y corrió tras ella.
-Esto es de película- chilló ceñudo John.
-Ya conoces a Wendy, ama el peligro- me encogí de hombros indiferente – y Andy va por el mismo camino.
-Que buena influencia- se quejó.
-Qué más da, ya estamos aquí- mire por última vez para ver si estaba todo despejado, era un alivio que los guardias estaban del otro lado, empecé a correr.

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N: Y aquí termina otro cap, genial cierto?? Será que Ethan logrará las respuestas a sus preguntas? Son muchas cierto? Yo digo que entre toda esa maraña hay algo que se está perdiendo, espero lo vea pronto, por el bien de todos.

Les daré un pequeño adelanto del siguiente cap, se llama "Inocentes" el título habla por sí solo cierto?

Nos vemos en la siguiente actualización.

Vaya, hoy estoy de gran humor, a lo mejor será porque pronto tendré participación, ya sabrán de que hablo ;)

Besos mordelones ;)

Alissa.

martes, 23 de junio de 2009

Vampiros.

Todo lo que buscaba resultaba tan falso y tan ilógico, nada me era nuevo, necesitaba más información, con los libros que había en casa solo obtenía las mismas respuestas, y las imágenes que lograba obtener resultaban ser del famoso Conde Drácula.

Los meses pasaron rápido, ya estábamos a mitad de mayo, veintiocho muertes registradas, chicos de diecisiete años y todos con la misma mordida. En las reuniones de lobos siempre discutían las mismas cosas, no se ponían de acuerdo, estábamos permitiendo que los invasores se alimentaran de personas inocentes, incumpliendo la ley que ellos mismos habían prometido. Los ciudadanos sólo culpaban a los lobos de los asesinatos, y yo aún no lograba encontrar una teoría acertada sobre los chupasangres para atacarles y acabar con esto de una vez por todas. Ver en la secundaria a los Hawkind todos los días era perturbador y molesto. Malditos asesinos.

Le pedí el favor a Will de que me llevara a la ciudad en uno de sus autos, ahí había una pequeña librería, él se fue a una tienda de artículos deportivos que quedaba a dos cuadras de Eny’Book, entré al local y me maravillé con tantos libros de diferentes tamaños y colores, me distraje por completo, ojeé unos cuantos hasta que el dueño me preguntó si deseaba llevar algo, era un anciano de unos ochenta años con melena blanca.
-Si…ehm, ¿de casualidad usted, tiene libros que hablen sobre vampiros?
-Oh, cuentos para niños…si, si tengo…del otro lado de la estancia.
-No, no quiero cuentos para niños, señor…- miré la pequeña laminilla dorada que adornaba su camisa azul -…Benny, quiero un libro que hable de leyendas antiguas sobre vampiros.
-Hmm, si creo tener- enarco una ceja, dio media vuelta y desapareció por una cortinilla de terciopelo color vino tinto, unos minutos después salió con cuatro libros no muy gruesos, al parecer eran de un mismo autor, polvorientos, los cuatro libros tenían títulos diferentes en letras grabadas color plata –Han estado aquí por años, nunca los vendí por que nadie se interesaba por ellas.
-¿Cuanto es el costo?- pregunte.
-Setenta y cinco dólares cada uno- respondió examinando el estado de los libros –Son algo antiguos.
-Bueno... me llevo este- tome uno de los libros que me llamó la atención, “100 Maneras de exterminar a un Vampiro”.
-Creí que buscaba historia sobre vampiros- señaló “Descendientes del Conde Dracula” otros de los libros, hice una mueca de duda y desaprobación, tenia el presentimiento de que ese decía lo mismo que había investigado en casa.
-No, solo me llevare este- insistí, el anciano se encogió de hombros rendido por mi insistencia y recibió el pago, envolvió el libro en papel de seda y me lo entrego como si de una reliquia se tratase. Me despedí y salí de la tienda.

-¿Qué has comprado?- pregunto Will viendo el paquete cuando íbamos camino a casa.
-Solo un libro, nada interesante- respondí.
-Puros cuentos para niños, verdad- dejo salir una carcajada.
-No, son…libros de…

-…Necesitas comprar una guía de cómo conquistar chicas en lugar de comprar libros aburridos, hermano- no evito volverse a reír.
-Seguro- puse los ojos en blanco.
-Te sumerges tanto en ellos que olvidas que existe el mundo exterior- continuo hablando.
-No creo…
-Vamos, dime cuantas veces has salido de casa para bailar en la ciudad o ligar- acomodo el retrovisor para verme cuando respondiera.
-Nunca- conteste mirando el libro envuelto. Si mi intuición no me fallaba, Will me estaba hablando como un padre cuando aconseja a su hijo, con la diferencia de que este me quería arrastrar al lado oscuro, me reí con la idea.
-Ya vez…te aconsejo…- palabra clave “aconsejo” -…Conocer chicas universitarias…un día de estos te llevare a conocer unas cuantas- prometió.
-De acuerdo- mire por la ventanilla.
-A ver cuantas te ligas- se rió acelerando para pasar a un auto verde que estorbaba desde hace rato, cuando vi se trataba de una anciana que apenas llegaba al volante, sentí pena.



Cerré la puerta de mi habitación y deje caer el paquete sobre mi cama, me senté y espere un minuto antes de abrirlo.
-¡Ethan, baja a cenar!- grito Dolly desde las escaleras.
-¡No tengo hambre!- avise aun mirando el paquete.
-¡Te guardare la cena por si te da hambre mas tarde!

Asentí sin responder, estaba dudoso de abrir el libro ¿Qué pasaría si no encontraba la respuesta que necesitaba? ¿Qué tal si no aparecía un método efectivo para eliminar a los vampiros? Temía no encontrar la respuesta correcta, pero aun así decidí rasgar el papel de ceda que cubría el único libro de cuero negro.
-Que tenemos aquí.
Pase las primeras cinco paginas para llegar al capitulo uno, las paginas eran amarillentas y la letra tenia muchas florituras. Comencé a leer.

Según algunas culturas, los vampiros tienen la posibilidad de transformarse en insectos, murciélago, rata, lobo o en niebla.

-Ya comenzamos mal- refunfuñe al leer la palabra “lobo” ¡Que gran mentira!

Se alimentan primordialmente de la sangre de sus víctimas aunque hay descripciones de que también son antropófagos y en algunas culturas se considera que la sangre no es la base de su sustento, sino el "fluido vital" humano, algo tan etéreo como el alma, que en nuestra cultura se identifica con la sangre.

En los Balcanes, existía el cazador de vampiros que podía ser un religioso o un dhampiro que según la tradición gitana era el hijo o descendiente de un vampiro con el poder de detectarlos, aunque fueran invisibles y destruirlos.

-No sabia que podían reproducirse- le comente al libro con incredulidad.

Una de las maneras mas frecuentes es:
Clavar una estaca en el corazón. El fresno es la madera preferida en Rusia y en los estados bálticos, el espino en Serbia, y el roble en la región de Silesia. La estaca suele clavarse apuntando a la boca en Rusia y en el norte de Alemania, o al estómago en el noreste de Serbia.

La decapitación es el método preferido en las áreas germanas y eslavas del oeste, enterrando la cabeza junto a los pies, tras las nalgas o alejada del cuerpo.

La incineración completa del cadáver y rociar agua hirviendo sobre la tumba son medidas adicionales frecuentes. Desmembrar el cuerpo y quemar las partes, luego mezclar las cenizas con agua bendita.

Repetir el funeral, rociando agua bendita sobre el cadáver.

Los vampiros no toleran el ajo. En algunas tradiciones, también pueden ser alejados con rosas silvestres.

Por su naturaleza demoniaca no soportan los símbolos cristianos y por ello pueden ser alejados usando una cruz cristiana.

Los vampiros son vulnerables a la luz del sol, su cuerpo se hace roca.

Todos estos métodos me parecían tan raros, cerré el libro para ver en el lomo el nombre del autor: V. Tepes.
Hice una mueca de decepción. Deje caer el libro sobre la almohada y me senté apoyado de la pared, los Hawkind eran unos sanguinarios de una raza distinta a lo que había leído y estos métodos para eliminar vampiros eran tan indefensos y fáciles. Recordé la historia de Damián y la manera en la que habían acabado con las hermanas de Transilvania: quemándolas en la hoguera. Había algo más en esto, pero no me rendiría, buscaría la mejor forma para destruir a los Hawkind, empezando por la hostil Alissa…
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N: Por fin nuevo cap de Diario xD, espero que les guste tanto como me gustó a mí =P..No pude poner imagen porq esta cosa no me deja poner imágenes, ni idea de porqué, a lo mejor es mi inter u.u la pondré cuando se acomode...
VampiBesos.
Alissa.

viernes, 22 de mayo de 2009

La Masacre De Transilvania.




-¿A dónde fueron?- pregunté
-Se alojaron en una cueva- respondió
-Pobre de los habitantes de Transilvania- dijo Ariadna con voz quebrada.
-Ninguno de los habitantes de la aldea sobrevivieron- siseó Damián macabramente.
-¡¿Qué?!- se sorprendió Anastasia, Damián le miró por un segundo y continuó la historia.

Cuando el vampiro no encontraba lo que buscaba se volvió loco, mató a todos los que se cruzaban en su paso, bebía su sangre, y los dejaba tirados como si de basura se tratase.

-¡Eso es horrible!- ahogó un grito Ariadna.
-Eso no es nada, el solo había matado a poca gente ahí- se encogió de hombros –Un aldeano carpintero vió cuando el vampiro asesinaba a su única hija, el invasor le persiguió cuando el aldeano echó a correr pidiendo auxilio con toda la voz que pudo.

-¿Qué le paso al carpintero?- pregunté deseando que se hubiera salvado.
-Murió…el vampiro le torció el cuello por su imprudencia, pero era demasiado tarde, los aldeanos gritaban y corrían a todos lados, unos cuantos trataron de apresar al sujeto pero este podía con todos a la vez, esa noche asesinó sin contemplación alguna, murieron niños, jóvenes, adultos, ancianos, ¡¡había sangre en todas partes!!

-Que gustazo el de él- se rio Sebastián, Anastasia le zapeó.
-Esa fue la peor masacre que pudo haber, murieron muchas personas inocentes- murmuró por lo bajo.
-¿Qué pasó con Yonica y Nettie?- pregunto Anastasia.
-Estaban ocultas, no sabían lo que pasaba a sus espaldas por que estaban lo suficientemente lejos del pueblo, tomaron su viaje al este, sin mucho éxito, pues el vampiro las encontró, siguió su aroma después de acabar con Transilvania, solo quedaban estas dos sobrevivientes y al igual que todos tenían que morir, pero algo le detuvo, y fue la belleza y el delicioso aroma las que evitaron que este les tocara un pelo, Yonica y Nettie eran tan bellas como Casandra, y olían como ella. El vampiro se las llevó a Inglaterra, donde también las convertiría en sus esposas.

Casandra al verlo llegar con sus hermanas le rogó que no le hiciera lo mismo que a ella, pero este no le prestó la mas mínima atención, ahora las tres pertenecían a él. Yonica con el tiempo comenzó a sentir cierto afecto por las atenciones y las comodidades que le ofrecía el vampiro, pues ahí en la castillo de la colina tenía todo lo que había deseado, lujos y riquezas, de las tres hermanas ella era la más codiciosa. El vampiro las mantuvo vivas poco tiempo, quería conservarles para siempre, ya era hora, bajo cierto engaño se llevó a Nettie donde experimentó el dolor mas grande, luego se llevo a Yonica, sin necesidad alguna de engañarle, pues esta obedecía a todo lo que él decía, se arrepintió de haberlo hecho después.

Casandra, que se mostraba rebelde a seguirle no tuvo otro remedio que huir, le costó salir de esa prisión pero aun así lo logró. Se internó en una ciudad disfrazándose y cambiándose de nombre, había dejado de ser Casandra, ahora era Phoebe.

-Pero igual la iba a descubrir fuera a donde fuera, ¡por su olor!- espetó Ariadna ceñuda.
-Y lo hizo, él la descubrió sin ninguna dificultad, y se la llevó de nuevo a la mansión- continuó algo molesto por la interrupción –Él podía con ella, como había dicho antes, era muy fuerte, la lastimó en el forcejeo pero aún así logro morderla, Casandra agonizante sin saber que le sucedía a su cuerpo lo maldijo entre dolores, el vampiro solo reía mientras la veía retorcerse. Ahora Casandra, Yonica y Nettie eran como él, pálidas, y frías, eran vampiras, muertas en vida.

Casandra juró vengarse, y decidió asesinarlo, las hermanas se unieron y se apoyaron aún mas, sin importar lo poco que Yonica sentía todavía por él, de todas formas ella amaba sus riquezas, y una vez muerto todo les quedaría a ellas tres, planearon atacarle sorpresivamente, y lo lograron, juntas asesinaron a su único esposo y lo dividieron en partes.

-¡Pero eso es espantoso!- chilló Anastasia escondida detrás de Sebastián.
-Cada parte de su cuerpo lo enterraron en diferentes rincones de Inglaterra específicamente en los cuatro puntos cardinales, temían que se uniera de nuevo, cualquier cosa podía esperarse de aquella bestia. Ahora solas continuaron su vida como Las Damas de la Colina, asesinando continuamente para saciar su sed.

Se alejaron de Inglaterra para buscar un hogar en Francia a mediados del siglo XVIII. Donde una desconocida apareció, vampira e igual de hermosa, aunque de ella no se mucho, de hecho nada, solo que era diferente y abandono a las hermanas tiempo después, ¿Quién era esa vampira? Nunca se supo su nombre, así como vino se fue… Cierta tarde cuando Casandra deambulaba por el bosque, el aroma de la sangre caliente de un humano la hipnotizó, había algo en el que olía diferente, era una mezcla de dos cosas, lo ligero y lo pesado; no, no una mezcla, sino una unidad y además sutil y débil, sólido y denso al mismo tiempo, esa sangre latente que invadía su sensible nariz la volvía loca, era tan fresco como la brisa marina, cruzó varias millas para llegar hasta el origen del olor. Tan penetrante aroma emanaba de un muchacho, deseó matarlo pero a la vez conservarlo, su aroma era exquisito y tentador.

Era un chico de diecisiete años de edad, desgarbado y alto, piel clara y cabellos rubios de brillantes ojos verdes, el chico atendía en una granja, vivía solo con su abuelo de crianza y se llamaba Christopher Peep. Decían que él hacia pactos con espíritus en el bosque, y sus amigos eran los lobos, desde pequeño sentía adoración por estos animales salvajes que nunca hicieron el intento de comérselo, todo lo contrario, lo trataban como a uno mas de sus cachorros, los ciudadanos le llamaban “El niño lobo” y lo trataban mal por considerarlo extraño.

Casandra, lo compró a su abuelo para que le sirviera, así lo tendría siempre cerca y podía olerlo a toda hora, después de comprarlo asesinó a su único pariente quedando instantáneamente huérfano. Nettie y Yonica no estaban muy de acuerdo de mantener a un mortal, pues el chico era una droga y para ellas era necesario matarlo, algo había en el que les repugnaba a la vez que les agradaba, pero la hermana mayor no hizo caso, aún lo quería para jugar con él. Nettie escondida de Casandra intentó matar al chico, sin mucho éxito. Christopher era astuto y sedujo a la vampira menor para escapar. Sabedor de lo que le esperaba prefirió actuar primero e intentó matar a las hermanas, las traicionó delatando la presencia de vampiras en la ciudad.

Los ciudadanos encendieron antorchas y se armaron de hachas para cazar a las inmortales, Christopher aprovechando la distracción escapó. Casandra sintiéndose insultada fue detrás del muchacho y lo torturó, mordió su cuello y bebió su sangre, era el néctar que ella había deseado pero que se había resistido a probar, ya no había marcha atrás, molesta por la traición de este sin contemplación le quitó la vida, ya no olería jamás un exquisito aroma como ese. Y eso la mantuvo airada.

-¿Como intentaron matar a las vampiras?- pregunté prestando más atención –Ella podía más que ellos, fácilmente los harían polvo.
-Bueno, ciertamente en esa época las personas creían que los vampiros morían si les enterrabas una estaca en el corazón, o si les rociabas agua bendita- respondió Damián…
¿Morirían los Hawkind si intentara hacer eso con ellos?- Me pregunté.

-¿Qué pasó después?- pregunto Sebastián.
-Bueno, ellas fueron quemadas después de encontrar el cuerpo de Christopher, hasta donde sé- contesto Damián haciendo una mueca.
-¿Quemadas?- pregunté incrédulo.
-Si…quemadas en la hoguera- miró la fogata.
-Es la historia más horrible que he escuchado- jadeó Anastasia.
-Ya es tarde, deberíamos estar camino a casa- miro el reloj Ariadna –Pasan de las nueve y quince.
-Sí, será mejor que nos vallamos- acepto Sebastián levantándose y dándose un buen estirón.
-Ethan, te llevaré a casa- ofreció Anastasia.
-Si…gracias- me levanté, estaba entumecido, era una historia muy entretenida pobre Christopher y pobre de los ciudadanos de Transilvania, pero tenía dudas sobre la muerte de las vampiras, había sido tan fácil que no me resultaba creerlo.

-Ethan, pronto iré a tu casa para visitar a Wendy… ¿puedo?- preguntó animado Damián.
-Pues claro que si, es tu casa, lo sabes- aprobé –Puedes ir las veces que quieras, no tienes ni que preguntar.

Sebastián apagó la fogata y pronto todos nos íbamos, Ariadna se vino con nosotros e iba charlando con Anastasia de lo más contenta por el día que había pasado, me despedí de ellas en lo que llegamos a la puerta de mi casa, estaba molido y solo quería acostarme a dormir, salude a mamá que estaba de pie en las escaleras con el inalámbrico en la mano.

-Ha llamado la señora Queen… ¿se puede saber donde han estado metidos?- interrogó molesta.
-Solo hemos estado en la playa con otros tres amigos mamá- respondí con despreocupación.
-¿Pero has visto la hora que es?- insistió –¡¡Son casi las diez!!
-No nos pasó nada, y no hicimos nada malo- solo arriesgar mi vida en el acantilado. Le dí un beso en la mejilla y subí las escaleras.

Se quedó mirándome mientras iba directo a mi cuarto, cuando entre cerré la puerta con seguro, la cama me llamaba y obedientemente me eché sobre ella, sin darme cuenta ya estaba profundamente dormido.

...Vestía una levita de color oliva, camisa blanca, medias de seda blanca, zapatos marrones de hebilla y un peluquín atado con un lazo negro. Caminaba por la Rue des Marais en una callejuela de Paris, tenebrosa cuya anchura se podía medir con los brazos abiertos, donde solo habían personas de trajes llamativos, pelucas blancas, vestidos adornados, costaba pasar con tantas personas ahí, ¡Era asfixiante! Camine hasta llegar a una plaza, cerré los ojos para relajarme y tomar aire y al abrirlos la plaza había desaparecido, solo habían arboles alrededor y un perfecto radio circular donde me esperaba una hermosa mujer, llevaba un vestido dorado y su cabello recogido en un elegante moño con unos cuantos bucles negros caídos, tenía un abanico en la mano y muchos collares de oro puro que adornaban su garganta…cuando me acerque a ella desapareció, donde hace minutos estaba ella se encontraba el cadáver de un chico rubio con infinitas mordidas rodeado de siete lobos grises muertos...

Desperté sobresaltado por el sueño que había tenido, miré a mi alrededor buscando lo inexistente, todavía estaba oscuro, respiré hondo y volví a cerrar mis ojos… tenia que pensar en una manera de saber mas sobre los vampiros, pero ya averiguaría sobre ellos luego, por ahora solo quería volver a dormir.

martes, 19 de mayo de 2009

Las damas y el hombre de la colina


No podía describir muy bien la sensación que sentía mientras caía, abrí mis brazos y junté mis piernas, cerré mis ojos y me dejé llevar, sentía un nudo en la garganta, y como mi estómago se contraía, sentía como hormiguillas en el cuerpo, el aire me azotaba en la cara, intenté gritar pero no encontraba mi voz.

El contacto con el agua agudizó aun mas esa sensación en el estómago, millones de burbujitas subían de todas direcciones, me relajé antes de comenzar a mover los pies para buscar la superficie mientras comenzaba a bajar cada vez más, el mar estaba completamente negro y la corriente no estaba tan fuerte, todo estaba en silencio, solo en mis oídos tenía ese molesto “diiiin” tan agudo y penetrante, ya perdía el poco aire que tenía en mis pulmones, cuando toqué con mis pies unas cuantas rocas me di cuenta de que había tocado el fondo, miré hacia arriba pero con la vista borrosa no veía superficie alguna, me impulsé con las mohosas y resbalosas piedras y comencé a nadar, era algo difícil ya que la corriente me movía de un lado a otro.

Salí al ancho mar tomando todo el aire que pude, me alegre de poder respirar por fin, busque la orilla con la mirada y cuando estuve orientado nade. Cuando llegue arrastrado a la orilla y respirando con dificultad vi la colina rocosa y me reí de mi mismo, me levante y corrí todo lo que pude casi juraría que estaba caminando para llegar de nuevo con los muchachos, otro grito escuche de Sebastián a lo lejos, ya había saltado el también, jadeando llegue y Anastasia corrió para recibirme, Ariadna suspiro aliviada.
-¡¡Te dije que podrías!!- gritó Anastasia cuando me daba un abrazo casi asfixiante.
-S…si- trate de decir –Me…cuesta…respirar
-Oh, lo siento- me soltó.
-¡¡No estuvo tan mal eh!!- me palmeo Damián con una enorme sonrisa –Saltaras de nuevo… ¿Verdad?
-¡No!- farfulle con mis ojos desorbitados.
-Tranquilo, solo es broma…lo habéis hecho bien para ser tu primer salto- hizo un mohín.
-¡Seguro!- chillé con alivio
-Pero la próxima vez grita, veras que bien se siente- dijo por ultimo al momento que empezaba a correr para saltar.
-Has salido vivo eh, Ethan- se acercó Ariadna
-Si- siseé. Me acerque a buscar mi ropa y la puse sobre la roca en la que estaban sentadas las chicas, espere a que el viento me secara para luego vestirme.

Sebastián y Damián siguieron saltando unas cuatro o cinco veces más, ya eran las tres o cuatro de la tarde y ninguno de nosotros cinco habíamos almorzado, bajamos de la colina y nos acercamos a los vehículos, Sebastián y Damián charlaban sobre quien había saltado mejor, mientras Anastasia y Ariadna apresuraban su paso, yo mientras tanto a pesar de mi firmeza al caminar, me sentía como si aun estuviera debajo del agua siendo movido por la corriente.



-Damián ve a por las cañas- ordeno Sebastián –Hare la fogata- sonrió
-Ethan, ven a pescar conmigo…o te quedaras chismoseando con Ana y Ari- se burlo Damián, las chicas lo fulminaron con la mirada y yo solo me pude reír. Me fui con Damián al muelle a pescar.
-Que ha sido divertido lo del salto- rió Damián aun recordando mi pálida cara.
-Sí, claro- dije algo riendo también al imaginarme.
Pescamos lo suficiente como para quedar satisfecho los cinco, Sebastián ya tenía encendida la fogata y las muchachas venían con ramillas para pinchar el pescado, nos sentamos en círculo sobre unos cuantos troncos y comenzamos a charlar hasta que Damián propuso contar una historia.
-¿Sobre qué?- quiso saber Anastasia
-¿Han escuchado la historia de las damas y el hombre de la colina?- quiso saber Damián.
-No- dijimos todos casi al unísono.
-Bueno, esto se dice que paso hace millones y millones de años, podría decirse que en el siglo XV- comenzó con aire sabio –Cuenta la historia de tres hermanas pastorcillas que vivían en una pequeña aldea al sur de Transilvania, eran pobres en riquezas pero ricas en belleza, todas las jóvenes del pueblo les tenían envidia y las odiaban, pero por obra de la hipocresía no demostraban la rabia que les tenían a las hermosas damas, lo curioso es que había algo misterioso en ellas.

-¿Qué era eso misterioso?- quiso saber Ariadna

-Que las tres hermanas tenían un aroma único, siempre olían a rosa y lavanda, sin la necesidad de bañarse en perfume- siguió -Un día llega a la aldea un hombre, cuya palidez como la nieve llamaba la atención de todos los que le miraba, aparentaba treinta y un años de edad, y su nívea piel era el resplandor de la luna, las doncellas quedaban hechizadas ante tanta hermosura de aquel sujeto, Casandra la hermana mayor contaba con dieciocho años de edad cuando aquel hombre se fijó en ella, hizo mil y un intento para conquistarle, pero algo había en ella que no caía bajo sus hechizos.

El hombre perdía la cabeza, estaba obsesionado con la belleza de la chica, estaba dispuesto a hacer lo que fuera necesario para poseer a aquella ninfa que dejaba sin aliento a más de un mortal, consiguió raptarle dejando su rebaño de ovejas y llevársela lejos de todo ambiente pueblerino, sumergidos en lo más profundo del bosque deseo su cálida piel, los gritos de auxilio no llegaban a los oídos de ningún ser para rescatarla.

Los ojos de Anastasia se desorbitaron cuando Damián hacia un gesto de decepción, Ariadna se llevo una mano a la boca.

-Descuida, no hizo nada exagerado si eso están pensando- continuo Damián mirándolas con calma –Aquel hombre tenía planes para ella, quería conservarla jovial y hermosa, tal cual era, se la llevo de Transilvania al norte de Inglaterra. Casandra estaba aterrada, no sabía cuál sería su destino, solo sentía odio y tristeza, el pálido caballero la llevo a vivir en un enorme castillo que parecía haber nacido de una colina, se veía tenebroso a simple vista "Pronto te acostumbraras a tu nueva vida, como dama y señora" le siseo descaradamente aquel tipo.

Una vez ahí aquel desconocido la hizo su esposa, y luego su mujer, Casandra solo sentía asco y repulsión por aquel maldito ser, había dejado de ser una niña y se había convertido en una mujer brusca y llena de odio, aquel sujeto tenía una fuerza brutal y era tan duro como el mármol, él tenía una identidad oculta. Casandra investigó sobre el todo lo que pudo hasta descubrir lo que aquel maligno ser era…un vampiro.

Anastasia agarro el brazo de Sebastián tan fuerte que este se quejo de dolor, Ariadna solo tenía un aire pensativo, yo estaba metido por completo en la historia.

Ella ocultó de lo que era sabedora, destinada a que pronto moriría, no quedaba resignación, iba a morir lejos de su hogar y su única familia, sus hermanas. Aquel vampiro inocente de la sabiduría de Casandra, se dedico a tratarla con el único deseo que solo se veía en su escarlata mirada. Era lógico: pálido, fuerte, hermoso, jovial y olor penetrante dulzón…por qué no se había dado cuenta antes de lo que aquel ser era, un demonio.

Poco tiempo después comenzaba a estar inconforme de tener a una sola novia, decidió buscar otra, planeo ir al sur de África donde había mujeres de piel oscura tan bellas como diosas griegas, o al éste de Asia donde podía conseguir a tan joviales damas de cultura exótica. Pero su codicia por coleccionar mujeres hermosas pasaba fugazmente por su mente. Casandra le rogó volver a Transilvania, pero este le negaba de manera brusca regresar a ese lugar.

El vampiro tomo la idea de ir a esa aldea, donde había encontrado a su esposa, y decidió viajar solo, cuando llegó las jóvenes damiselas estaban encerradas en sus cabañas, habían declarado toque de queda desde la desaparición de Casandra. Habían mandado a quemar a los hombres desconocidos que deambularan por la zona, incluso, habían mandado a matar a todos los lobos que se encontraran en el bosque. Aquel níveo bípedo estaba embriagado por los aromas de las niñas vírgenes quinceañeras, planeo poseerlas a todas, disfrutaría de un gran banquete bebiendo su sangre.

Yonica que contaba con diecisiete años de edad y su pequeña hermana Nettie de quince, ambas hermanas de Casandra, se vieron en peligro cuando misteriosamente comenzaron a aparecer cadáveres desnudos, ultrajados y desmembrados de pequeñas pastorcillas doncellas. Las dos hermanas planearon huir de Transilvania lo más lejos posible, pues temían por su vida...

martes, 5 de mayo de 2009

Sábado de adrenalina


-Esto será divertido- hablaba Anastasia sonriente mirándome por el retrovisor.
-Sí, servirá de distracción- murmure viendo los dibujos borrosos de los arboles que íbamos dejando atrás.
-Presiento que habrá buen clima- continuó.
Sonreí.

-Oh! Esta canción me encanta- dijo al momento que le subía el volumen a una música algo lenta que después estallo en baterías y luego transformándose en un ruido rítmico y pegajoso, para ser la primera vez que lo escuchaba no estaba tan mal.
Llegamos a una zona muy alejada de la ciudad, Anastasia doblo una curva que pronto la carretera estaba adornada por varios árboles en forma de arco, era como un túnel de esos en los que no ves salida hasta que logras visualizar el resplandor del más allá.

-Pues, si que está metido esto- rompí el silencio, baje la ventanilla del auto para que entrara aire. -Sí, es algo así como nuestro escondite- apago el oxigeno y bajo la ventanilla también.
-¿Vienen a menudo?
-La mayoría de los sábados, si.
-¿Y qué hay de divertido?- pregunté mirando por fin la salida del largo túnel.
-Hay muchas cosas que se pueden hacer- pensó enseñando una sonrisa.
-¿Por ejemplo?
-Salto de acantilado, es lo que más hacen los chicos, lo intente una vez y no quise volver a hacerlo- se rió de sí misma, imagine por qué no lo había hecho más y me uní a su risa.
-¿Qué mas hacen?
-Contar historias de terror, cantar alrededor de la fogata, bañarse en el mar, pescar y lo que se te antoje hacer- chilló más contenta de lo que iba.

Era divertido hablar con Anastasia, siempre tenía su toque alegre y veía todo de una manera positiva, cuando por fin contaba como mínimo cinco o seis pares de arboles para salir visualice la arena y mas allá una gran frontera azul con cientos de destellos, miles de estrellas iluminaban sobre el tranquilo mar.
-Bienvenido, Ethan- acogió –Ya verás que te vas a divertir- prometió.


Ahí estaba Ariadna quien nos hacía señas con su brazo izquierdo, más alejados estaban Sebastián y Damián. Anastasia estaciono su auto cerca de la Jeep amarilla de Damián.
-Hola Ari- salude cuando ya me había bajado del auto.
-¡Hola Ethan!- se abalanzó sobre mi –Hola Ana- la abrazó
-Hola Ari- saludo contenta.
-Los muchachos se están preparando para saltar desde el acantilado- aviso Ariadna.
-¡¡Genial!!- chillo Anastasia
-Eso me preocupa, hace que me ponga nerviosa.
-Tranquila Ari, ya sabes que todos los chicos raros hacen ese tipo de cosas.
Cuando los chicos se acercaron me alarme, en sus mentes tenían pensado algo macabro, mire la media luna montañosa a lo lejos.
-Escuche que hablaban de nosotros- se acerco Sebastián seguido de Damián con una enorme sonrisa.
-¡¿Jeee Ethan, te unirás a nosotros para saltar?!- me invitó Damián dándome unas palmadas en el hombro sacándome de mi distracción.
-No, yo…todavía quiero seguir viviendo- dije con una risa nerviosa cuando vi de nuevo la colina rocosa.
-Venga, no tienes que temer- me jaló Sebastián del brazo izquierdo.
-Sí…te has venido a divertir, y que mejor forma que tomando riesgos- me jaló Damián del brazo derecho.
-Pero no me siento con el valor suficiente para…
-No sentirás nada, te lo prometemos- decía Sebastián guiñándole un ojo a Damián, eso hizo que me alarmara aun mas.

Ariadna y Anastasia nos pisaban los talones, estaban cuchicheando y riendo, Damián me recordaba una y otra vez que no moriría en el salto y Sebastián solo dejaba salir unas cuantas risas maliciosas, yo me sentía como el pavo que va a ser asado para la cena de acción de gracias.

Llegamos a la colina, donde el viento azotaba fuertemente y el sol calentaba un poco mas desde ahí, logre ver un punto escarlata y un punto mostaza, eran el auto y el jeep, me percate de la altura de la colina y sentí como la sangre huía de mi cara.
-Te has puesto pálido, Ethan- hablo Ariadna mirándome preocupada.
-Se le pasara cuando caiga- dijo Damián con despreocupación.
Perdí la noción del tiempo cuando vi la altura del acantilado, las olas rompían debajo de una forma violenta, el mar se veía oscuro y las verdosas rocas amenazadoras, no entendía cómo es que les gustaba saltar desde ahí, pronto entendí el por qué Anastasia no había saltado mas.
-Es parte de la diversión- animo Sebastián mientras fijaba su vista hacia las rocas que estaban abajo –Sentir esa adrenalina.
-¿Han muerto personas aquí?- murmure por lo bajo, note cuando mi voz se quebró a mitad de pregunta.
-No muchas, solo unas treinta personas o treinta y cinco tal vez- respondió Damián con suficiencia.
Mis ojos se abrieron de par en par cuando escuche la cantidad.
-Es broma, Ethan, muy pocos han muerto- alivió Ariadna dándole un zape a Damián quien ágilmente esquivó.
-Bueno, a saltar se ha dicho- concluyó Sebastián haciendo un ademan con la mano –Apartaos que el rey del acantilado va a saltar.
-Te quitare ese título- amenazó Damián haciéndose a un lado.

Sebastián se alejo para coger impulso, nos miro por última vez, corrió, saltó y en un abrir y cerrar de ojos ya no estaba, solo se escucho un grito de júbilo y emoción, segundos después se escucho el ¡¡SPLASH!! Anastasia y Ariadna aplaudían dando brinquitos, me asome a duras penas con el más mínimo cuidado de no caerme para ver si ya había salido, pero no lograba verle.
-¿Por qué no sale aun?- pregunte preocupado.
-Pronto saldrá, mientras hazte a un lado, es mi turno de saltar, y luego vendrás Tú- hizo énfasis en mi persona. Se preparó para hacer su glorioso salto. Me hice a un lado rápidamente en el momento en que este tomaba impulso.

Ariadna le deseo suerte cuando Damián comenzó a correr, unos cuantos segundos pasaron cuando ya se había perdido de vista colina abajo profiriendo un sonoro grito de aprobación y emoción, otro ¡¡SPLASH!! Audible agudizó mis oídos y me di por vencido, a estos dos locos les gustaba el riesgo de verdad, sonreí y me acerque a las muchachas.
-No temas, o ellos mismos te lanzaran- dijo Anastasia riendo anchamente.
-No tienes que hacerlo si no quieres, Ethan- me dio unas palmadas Ariadna, pero ese sentimiento de alivio que empezaba a experimentar cesó cuando Sebastián apareció gritando mi nombre.
-¡¡Es tu turno de saltar!!- gritó aun mas cuando lo tenía cerca –Venga, hecha tu ropa a un lado.
-¿Pero por dónde has salido?- dije sorprendido –No he visto salida- gemí
-Nade hasta la playa, es la única salida…vamos, no mas distracciones- continuo perdiendo la paciencia. Ariadna le dedico una mirada de desaprobación.
-P-pero…- titubeé
-Pero nada, venga.

Rendido me quite los zapatos con toda la lentitud posible.

-¡Que no vas a la guillotina, hombre!- insistió Sebastián.
-¡El agua esta deliciosa, Ethan!- gritó Damián apareciendo a paso veloz.
Me quite la franela, y luego la bermuda quedando medio desnudo.
-Vamos, vamos- me empujaban ambos –Coged impulso ahí, cuentas hasta diez y sin pensarlo corres con fuerza- indico Damián. Solo pude asentir, mi mente quedo en blanco –No cierres los ojos hasta que hallas saltado, ¿vale?- moví mi cabeza de arriba abajo.
-Tomas suficiente aire- aviso Sebastián.
A unos treinta pasos de impulso vi la muerte y no había hecho aun mi testamento.
-¡¡Vamos Ethan, tu puedes!!- gritaba Anastasia saltando, Ariadna aun no estaba muy contenta.


Hice una mueca mostrando mi nerviosismo al tratar de sonreír, tragué saliva y me centre en el acantilado, comencé a dar pasos débiles que luego fui acelerando, sentía que el camino se alargaba mientras yo mas corría, corrí con más fuerza y al llegar al abismo salté.

lunes, 20 de abril de 2009

Muertes sin rastro.


Faltaban cuatro horas para salir de la secundaria, la clase de francés pasaba lento, era algo que me torturaba, tomaba notas de las cosas que interesaban y se escuchaban a los alumnos participando en clases, más que todo había una chica que interrumpía a todo momento, prácticamente era la que daba la clase.

En gimnasia, la clase no estuvo tan mal, se estaba aprendiendo a jugar básquet, un juego en el que veía a Will o a Andy disfrutarlo, sinceramente a mí no me gustaba ese deporte, Anastasia tenía talento, se movía con tal gracia al jugar que intimidaba competir contra ella.

Cuando salí por fin, Andy y Michael discutían algo referente a una de sus canciones en el estacionamiento, al parecer no sonaba muy bien el órgano en una estrofa, mas retirados estaban en un pequeño grupo Zaray, Wendy, John y Laure. A esta última la reconocí, era la que daba la clase de francés.
-Ethan!! Ven, únete- llamó Zaray haciendo señas con su brazo derecho.
-¿Hola, que hay?- pregunté al sentarme junto a ellos.
-Contamos novedades- apremió Laure con una sonrisota.
-¿Novedades?
-Sí, nos cuentan que anoche unos cazadores encontraron a un aquelarre de lobos salvajes- respondió Wendy con algo de ironía en la voz.
-¿Vaya…y que tal estuvo eso?- ¡fatal!, pudimos haber salido muertos todos, me respondí – Ha de haber sido peligroso.
-Pues no, ellos dicen que los lobos escaparon tomando caminos diferentes y no atacaron a nadie- cabeceó Zaray de un lado a otro.
-Oh…

Duramos rato sentados hablando de cosas no muy importantes, más tarde se unieron Michael y Andy, ya se habían puesto de acuerdo referente al tema de su música, John bromeaba sobre leyendas urbanas y Wendy estuvo casi todo el tiempo distraída y con la vista perdida, traté de buscar la dirección de su mirada pero no veía si no un grupo de chicos reunidos que se pasaban unos utensilios para campin, probablemente planeaban irse de excursión, tenían un aspecto intimidante, todos parecían osos por lo enorme que eran esos sujetos.
“Vaya monstruos” pensé “¿Por qué los vera tanto?”
Casi todos se fueron retirando hasta que quedamos mis hermanos y yo sentados en la mesilla.
-Anoche estuvo fuerte la cosa, ¿no?.
-Cómo es que no olfateé a los cazadores?
-Andy, ninguno de nosotros lo previno, ninguno percibió sus aromas- señaló Wendy.
-Que persecución- exclamé
-Aun así, ¿cómo es que John no pudo verlo?
-No lo sé, estaba completamente distraído y pues no ví el peligro que nos acechaba- se defendió.
-En ese caso, ¿ya hiciste uso de la clarividencia para ver que tenemos visitantes?- vaciló Andy señalando a un grupo de vampiros que estaban del otro lado de la calle, John al verlos les gruñó con la mirada, parecían divertidos.
-Esto… ¿ahora que querrán?- pregunté fijando mi mirada en ellos.

Alissa me miró con la misma hostilidad de siempre -como si eso me afectara- la miré con indiferencia. Nos levantamos y esperamos a que ellos dieran el primer paso. Susana encabezó la marcha, después de ella les siguieron Alissa, Natalie, Oscar y Lucy e instintivamente arrugamos la nariz, ya su asqueroso aroma dulzón no nos afectaba demasiado, nos estábamos acostumbrando.
-¿Qué es lo que quieren?- preguntó John encabezando nuestro pequeño grupo.
-Que dejen de decir que fuimos nosotros los asesinos- respondió Susana secamente.
-¿Eso como lo supieron?…aún no les hemos acusado directamente- inquirió saber Wendy.
-Alissa estudió la mente del perro- vociferó Lucy orgullosamente dirigiéndome una mirada no muy discreta. Envenené a Alissa mentalmente por eso.
-En ese caso… ¿Por qué habríamos de creer que no fueron ustedes?- gruñó incrédulo Andy.
-¡¡Porque no hemos sido nosotros!!- alzó la voz Alissa.
-Es mejor que moderes ese tono de voz, chupasangre- le apunté con amargura.
-¿Y qué harás si no?- retó el vampiro Oscar.
Suspiré y lo miré con cierto sarcasmo amenazador.
-Podemos demostrártelo ahora mismo si quieres- se adelantó Andy.
-Cálmate, An- lo tomó Wendy.
-Esto es absurdo, Cromwell sabes perfectamente que no hemos sido nosotros- señaló Alissa. Fijé mi vista en Lucy y luego miré a la olivácea vampira. Me percaté de que no era el único que la miraba, todos los demás estudiantes veían la pequeña escena.
-Esto no es algo que hay que discutir aquí- sugerí mirándola con el ceño fruncido, sentía cólera de ira.
-Mejor vallamos al bosque- propuso Andy
-Sería una buena idea- estuvo de acuerdo Oscar mirando a mi hermano amenazantemente.
-Discutamos esto después- tanteó Natalie hablando por primera vez, sus ojos eran negros como el carbón.
-Oh, entiendo- exclamó Susana al verla, pues ella no era la única, Oscar y Lucy también tenían los ojos negros.
-Esto no se quedara así…Cromwell- me amenazó Alissa haciendo énfasis en mi apellido, los cinco dieron media vuelta y comenzaron a alejarse.
-¿A que vino tan absurda conversación?- preguntó Wendy –¡¡Demonios Andy cálmate ya!!- le regañó, este estaba temblando de ira, y podía transformarse delante de todos los espectadores que estaban ahí.
-No lo sé, no encontré sentido a sus palabras- respondió John -La vampira dijo que tú sabias que ellos no habían sido, Ethan.
-Esto…- me encogí de hombros.
-¡Esto es ridículo!- bufó Wendy eufórica.
-Será mejor que vayamos a casa- dijo John. Y sin decir más nos montamos en el coche.


Abrí un poco mis ojos y todavía estaba oscuro, miré la luz verde fluorescente del reloj despertador, marcaba las cinco y cuarenta y tres de la madrugada, seguramente el sol estaba tan grogui como yo que no empezaba a salir, me estiré girando un poco y quedé estampado al piso, haber caído de bruces hizo que me despertara de golpe, suspiré rendido y me levanté a lavarme, así pasarían las horas hasta que amaneciera por completo y viniera Anastasia para ir al muelle.
-Tres muertes seguidas en una sola noche… ¡esto es impresionante!- decía papá mirando el periódico.
-¡¡Eso es terrible Luperth!!- se alarmó Dolly.
-Lo sé…encontraron los cadáveres cerca del muelle, y ni un rastro de los asesinos.
-Claro que ya sabemos quiénes son- cantó Will con una media sonrisa de suficiencia.
-Sinceramente, una muerte limpia.
-¿Qué edad tenían?- preguntó Will.
-Diecisiete años tenían los tres chicos- respondió Luperth releyendo el diario.
-Igual que el chico del bosque.
-¿Qué dice el diario, Luperth?- pregunto Dolly.
-Turistas hallaron muertos cerca del muelle- comenzó a leer Luperth –vieron los cadáveres flotando en las orillas del mar, siendo arrastrados por las olas “Caminaba con mi esposa y mis dos hijos, cuando el pequeño echó a correr creyendo ver una ballena” contaba unos de los turistas “cuando nos acercamos vi que era el cadáver de un muchacho, mi esposa descubrió los otros dos”…Esto ha formado manifestaciones nocturnas por la falta de seguridad que tienen los habitantes de la ciudad de Aberdeen, cuatro homicidios sin un rastro del atacante, los cadáveres poseen la marca de la media luna en sus cuellos. Fueron identificados como Taylor Luhman, Eddie McCollí y Peter Schmitz.
-¿Tendrá algún significado eso?- preguntó Dolly
-¿Qué cosa?
-Que los cuatro chicos tengan la misma edad.
-Pues…de los vampiros se puede esperar muchas cosas, pero, no creo que sus asesinatos tengan significado en la coincidencia de edad- habló papá dejando el café a un lado.
-¿Serán tan ignorantes los ciudadanos para decir ahora que “lobos” merodeaban por la playa?- dijo Will apartando lo que quedaba de su lasaña irritado.

La corneta del auto de Anastasia me apuró y salí de mi habitación como un vendaval.
-¿A dónde vas Ethan?- interrogó Will subiendo las escaleras en el momento que me lanzaba cabeza abajo.
-A caminar con unos amigos- respondí sin mirar atrás, imaginé la cara de asombro de Will en medio de las escaleras –¡¡Adiós, mamá…hasta más tarde papá!!- grité cuando comenzaba a montarme en el auto, ellos levantaron la mano estupefactos en señal de despedida cuando Anastasia pisó el acelerador.
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Editado por Primera vez:
Jueves, 23 de Abril de 2009.
02:40 pm, Venezuela.
Alissa Hawkind.

jueves, 2 de abril de 2009

La Reunión.


Me levanté un poco mareado y me dirigí a la ventana, abrí la cortina y ya se asomaba un tímido sol, miré la ya clara habitación y salí.
-Ethan, hoy será la reunión de licántropos- me recordó Andy cuando salía de su habitación.
-Sí, gracias por recordármelo- lo miré un segundo y ya estaba listo para ir a la secundaria.
-¿Por qué no estás vestido?- me preguntó extrañado –Se te hará tarde.
-No iré
-¿Y eso porque?
-Solo…hoy no tengo ganas de ir
-Como quieras- se encogió de hombros y entró a su habitación que estaba en frente de la mía.
Bajé las escaleras y me dirigí a la cocina, estaba mi madre preparando el desayuno, entré sigilosamente ya que estaba de espaldas y no quería que me descubriera pero accidentalmente tropecé con el porta cubiertos y tintinearon fuerte al caer, haciendo que mamá pegara un salto.
-¡¡Ethan, me has asustado!!- dijo alarmada, el cuchillo con el que picaba las patatas lo puso en guardia, como un mosquetero.
-¡Lo siento!- dije reteniendo la risa.
-¿Por qué no estás listo?- preguntó.
-Hoy, no tengo muchas ganas de ir a clases- tomé un vaso con jugo de naranja y salí a toda prisa para evitar más preguntas, al llegar a mi cuarto me senté en el escritorio a leer un poco, escuché cuando Wendy, John y Andy se iban. Después de leer algunas reseñas y adelantar algunas tareas, me bañé y me alisté, eran las once y veinte de la mañana, el día no estaba tan mal, así que salí a dar un paseo en el bosque.
Caminé colina arriba, quería llegar a la cima de la montaña, todas las hojas estaban húmedas por la fina neblina que había, me detuve cerca de un riachuelo y me senté en la orilla a tomar un poco de agua y ahí me quede mirando un hilillo de hormigas negras, me daban escalofrió verlas aglomeradas caminando en una sola dirección, a la vez daban un poco de grima, pero era un placer admirar tanto trabajo el que ellas hacen sin descansar, me levanté y me sacudí un poco para continuar mi camino, me metí las mano en los bolsillos y caminé con la vista perdida siempre siguiendo el mismo patrón de mis pasos.
Al llegar me senté sobre unas enormes rocas que daban vista al oeste, había un bosque infinito desde esa vista, lo miraba con tanto agrado, muchas tonalidades verdes invadían mis ojos, era un verdadero placer, encogí mis piernas y las abracé, en mi mente se manifestaban como diapositiva las imágenes de la niña son rostro, la mujer con lágrimas de sangre ¿por que había tenido esos sueños?, y ambos tenían algo en común, y es que eran vampiras, ambas quisieron morderme, y ambas eran hermosas, un enigma, alejé mi mente en otra dirección y ahí estaba ella, Alissa Hawkind, esa prepotente, oh, como deseaba acabar con ella en ese momento, me molestaba no poder meterme en su mente, me molestaba tenerla cerca, me molestaba que estuviera en mi secundaria, su familia y todo lo que tuviera que ver con ellos. Desvié mi mente y aspirando los fríos aromas del bosque llegó uno peculiar, pero muy lejano, ya sabía que era y solté mis piernas para buscar de donde provenían, miré a lo lejos la figura de un humano, estaba tan lejos que no distinguía quien podría ser, pero de algo si estaba seguro, esa persona estaba mirándome fijamente, me dió escalofrío y me levanté para retirarme, ya eran las cinco y cuarenta, el sol calentaba débilmente y esa persona estaba ahí, entre los lejanos arboles, me di la vuelta y caminé colina abajo, tenía que llegar a casa para luego ir a la reunión, el olor fue desapareciendo a medida que me alejaba, era buena señal de que no me estaba siguiendo, caminé mas o menos una hora y al llegar a casa ya se estaban poniendo los abrigos.
-¿Dónde has estado?- preguntó mi padre.
-Daba un paseo…
-Ten, tienes que abrigarte mas- dijo Dolly dándome una chaqueta gruesa, era muy caliente y cómoda cuando me la puse.
-Nos esperan- espetó Luperth abriendo la puerta trasera.
Salimos y caminamos adentrándonos en el bosque, el sol ya estaba oculto y solo había una tenue luz que iluminaba, solo se escuchaban cantar los grillos y uno que otro búho, cuando caminamos al sureste y estuvimos entre los helechos nos convertimos en lobos, corrimos tratando de no hacer ruido, los cazadores podrían oírnos, llegamos a un amplio claro donde habían troncos caídos, ya habían unos cuantos lobos ahí, nos sentamos mientras mi padre se iba con el que parecía ser el jefe de una manada que había a nuestra derecha.
-Hola ¿que tal están?- nos saludó un lobo conocido.
-Hola Michael, estamos bien- saludo Andy adelantándose.
-¿Tu que tal estas?- pregunto Wendy devolviéndole el saludo.
-Oh, no me quejo- dijo Michael.
-¿Tienes rato aquí?- le pregunto John.
-Más o menos, pero no han dicho nada importante, a parte de hablar sobre los recién llegados, los humanos pálidos- dijo algo severo.
-Escuché que hablaban sobre vampiros y quise venir a escuchar- dijo una loba, muy guapa que se acercaba, tenía un pelaje abundante y atractivo para cualquier ojo lobuno, pareció pescar la atención de Will.
-Sí, es un tema del cual se hablara toda la noche, eso lo presiento- comentó Michael inflando su pecho.
-Es por eso que estamos aquí, para hablar de ellos- desinfló Wendy.
-Hmm- Michael frunció el ceño. Wendy solo se rió.
-¿Quién eres?- pregunto Will dirigiéndose a la recién llegada.
-Oh, disculpen por no presentarme, soy Madeleine Darling- habló orgullosamente.
-Nosotros somos los Cromwell, Dolly, Wendy, John, Ethan, Andy y yo soy Will- presentó
-Un placer- dijo efusivamente.
-Igual- acogió gentilmente Dolly.
Todos se colocaron en círculos cuando tres lobos grandes se pusieron en el centro del claro, el jefe era el de mayor tamaño, de abundante pelaje marrón y hocico cuadrado e intimidante por sus colmillos, el otro era un poco más pequeño y su pelaje era rojizo, tenía una oreja caída y una enorme cicatriz en el lomo, señal de haber sido víctima de una riña, el tercer lobo era negro, mi padre…los tres lobos hablaban silenciosamente casi en susurros, y por lo que veía los tres estaban en desacuerdo.
-Bien, el motivo de esta reunión, tiene como objetivo principal la llegada de un aquelarre de vampiros que nos han venido a visitar- comenzó el lobo mayor. Imaginé que en su forma humana era de cabello blanco, anciano y con mirada sabia –Estos vampiros han ocasionado un revuelo en la pequeña ciudad, han cazado en nuestro territorio y es algo que no podemos permitir.
-¿Qué haremos al respecto, mayor Alph?- preguntó un lobo que estaba junto a Michael, supuse que era su padre.
-Les tenemos que dar pelea- habló el seguidor de Alph.
-No podemos hacer eso Jet- espetó mi padre brusco –Pondríamos en peligro toda la…
-Más de lo que nos ha puesto tu hijo, Luperth- interrumpió seseantemente Jet, de la pena me encogí cuando me nombraron y mi padre clavó su mirada en mí.
-Aun así, no debemos tomar riesgos- habló Alph poniéndose en frente de ambos.
-Han asesinado y aun así pretenden que hay que dejarlos ilesos?- vociferó Jet irritado.
-Pues solo debemos tomar precaución del asunto…tenemos que enfrentarlos, tratar de no llevar el tema a la violencia- siguió hablando Alph.
-¿Y si ellos nos atacan a nosotros?- contra preguntó Jet.
-Entonces te echaremos a ti como carnada- sugirió sarcásticamente mi padre.
-Un comentario más y…
-¿Qué pasará con los cazadores?- interrumpió mi madre. Jet la miró con desprecio.
-Estarán al acecho a toda hora- dijo el padre de Michael –Con sus rifles cargados.
-Gracias a los pelos de un lobito gris que encontraron en un mal sitio- comentó Jet dedicándome una mirada ceñuda.
-El solo exploraba la zona- defendió mi padre poniéndose en frente de Jet.
-Pues no debería estar husmeando a altas horas de la noche…
-Vió algo extraño, y tenía que saber que era- dijo Dolly.
-Pues…en ese caso… ¿a quién viste muchacho?- me preguntó con incredulidad.
-Yo pues…
-A vampiros…Jet- respondió Luperth -¿Tu qué crees que vería?
-Oh!
-Basta!...tenemos que estar unidos- retó Alph ceñudo –Iremos a visitar a los bebedores de sangre mañana al anochecer…
Detonaciones ensordecedoras se escucharon varias veces interrumpiendo a Alph, y todo fué en cuestión de segundos, cuando me di cuenta se escuchaban ladridos desesperados en todas direcciones, busqué de prisa a mi familia con la mirada pero no los veía con tanto alboroto, corrí adentrándome al bosque aullando para encontrar a mi familia y entre las rocas ví a un grupo de cuatro personas con rifles en las manos, me devolví y escuché un disparo en mi dirección, me refugié en una pequeña cueva que había entre una colina y esperé a que se fueran, vi pasar un lobo blanco y la seguí, era mi madre.
-¡¡¿Donde están todos?!!- pregunté jadeando.
-¡¡Camino a casa con Luperth…vine por ti!!- respondió mi madre agitada.
Corrimos a casa sin saber si los cazadores nos seguían, cuando llegamos Luperth nos esperaba a unos cuantos metros, al juntarnos entramos sin mirar atrás.
-¡¡Esos malditos cazadores no tenían que habernos atacado de esa manera!!
-Cálmate Will- tranquilizó John mirando por la ventana aún con su forma lobuna.
-No debieron seguirnos…porque no escucho pasos ni veo a nadie- habló Andy
-Será mejor que vallan a descansar- ordenó Luperth mientras subía las escaleras, se notaba lo tenso y enojado que estaba. Los miré a todos jadeando y respirando entrecortadamente, todos obedecimos, y cuando llegué a mi habitación volví a mi forma humana y me acosté en mi cama así como estaba, sin tomarme la molestia de colocarme el pijama para dormir, que mal acto el de los cazadores, y que imprudencia la mía por provocar esto, pensé y pensé, hasta que lentamente mis ojos se fueron cerrando con la imagen de la persona que estaba en el bosque. ¿Quién podría ser?